La
desintermediación, provocada por la interconexión
y simplificación de los procesos, se hace
evidente. La mediocridad se hace patente y resulta
inadmisible si se pretende alcanzar éxitos
por encima del umbral de supervivencia. La no aportación
de valor añadido se convierte a la larga
en un factor excluyente de la cadena valor.
Esta
época de transición en la que se
encuentra el sector y las extraordinarias expectativas
de un entorno con grandes posibilidades de expansión,
pero con problemas de aplicación, crea
situaciones difíciles de asimilar para
el usuario final.
Se
anuncian nuevos productos y servicios que ni siquiera
existen o que no se aplican de forma inmediata
en el mercado. Así, se crea distancia,
sentimiento de obsolescencia y, en algunos casos,
rechazo ante el constante bombardeo de novedades
que no se materializan y que, en algunas ocasiones,
ni siquiera responden a necesidades reales y percibidas.
Por
último, la confusión que existe
en el sector, la necesidad de adelantarse a los
competidores sin conocer el impacto real de las
novedades en el mercado, y la existencia, en muchos
casos, de grandes oligopolios que pretenden imponer
'su' solución, provoca que las inversiones
se disparen y que a menudo la distancia entre
el coste real y el precio en el mercado sea demasiado
dispar, poniendo en riesgo la viabilidad del propio
modelo de negocio.
Del
mismo modo, y como consecuencia de lo anterior,
se dificulta la capacidad de valorar los nuevos
productos y servicios y el ratio penetración/rentabilidad
se distancia de forma desinhibidora para las nuevas
iniciativas que, aunque brillantes y en muchos
casos asimiladas satisfactoriamente por los usuarios,
son imposibles de implementar a escala con criterios
empresariales más o menos ortodoxos y sostenibles.
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